Cuarenta días en el desierto

Cuando empecé a trabajar con Oracle lo hice en primera línea. Estuve desarrollando. Fueron meses gloriosos y duros a la vez. Además era mi primer trabajo y estaba recien salido de la facultad. Tenía la ilusión del principiante. Qué idealizado se ve todo cuando sales de la carrera. ¡Dios!, y qué leches te da la vida. Bueno, pues cuando ya tenía hecho el cuerpo a la realidad, cuando por fin cogí soltura con las herramientas, ¡Zas!, me pasaron a segunda línea, a mantenimiento. Aunque me fastidió bastante, me vino de perlas. En desarrollo uno conoce la parte técnica de su trabajo, pero en la lucha por cumplir los plazos, terminar los formularios, hacer las pruebas y la documentación, pierdes de vista lo más importante, al usuario. Bueno, pues el tiempo de mantenimiento me sirvió para poder meterme en la cabeza de los usuarios, esos pequeños cabroncillos que te hacen cambiar siete veces de sitio aquella columna del listado.
En este tiempo he estado picando código, traduciendo las frases de mis usuarios en tablas y listados. El sistema cambió en poco tiempo de forms a SAP. Estuve a punto de ser abducido y convertirme en un programador de ABAP. Sin embargo, no hace ni un mes que San Oracle me reclamó… en primera línea además. En esta ocasión en calidad de analista-programador. Sin embargo, desde que arribé a mi nuevo destino, no he programado ni una sola línea de código. Me paso el día entero escribiendo documentos con el word. Se me hace raro y lo echo de menos, snif. Me lo tomaré como los cuarenta días en el desierto sin picar código.

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